Lugar fantástico y la anfitriona más dulce Bibi, que se aseguró de que todos estuvieran cómodos durante toda la estancia. A mi hija le encantaban los caballos y mi hijo comió TANTAS frutas de los árboles que estaba a punto de reventar. Cuando cae la noche, se ilumina con varias lámparas solares, lo que crea una atmósfera fantástica. Definitivamente volveremos en otra ocasión.










